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LOBOS MARINOS EN COBQUECURA
Islotes Lobería e Iglesia de Piedra de Cobquecura (VIII Región) fueron declarados Santuario en 1992, con una extensión de 5 kilómetros de costa por 500 metros de ancho, siendo su principal atractivo la presencia de cientos de lobos marinos en un roquerío muy cerca de la playa.
Dos tipos de peligros amenazan a los animales. Uno todavía no se concreta, pero ya movilizó a la comunidad, que creó la organización "Salvemos Cobquecura". Se trata de un emisario submarino que llevará riles desde una naciente planta de celulosa hasta algún punto en el mar, a 20 o 30 kilómetros del pueblo. Los lugareños aseguran que la Corriente de Humboldt depositará finalmente los desechos industriales en las costas de Cobquecura y el recuerdo de los cisnes muertos en Valdivia pena como un fantasma.
El director regional de Conama, Bolívar Ruiz, intenta apaciguar los ánimos, advirtiendo que la empresa aún no presenta el trazado y que en todo caso los riles se diluyen muy distinto en un humedal que en el vasto mar.
Pero de antes el santuario no figura en las cartas de navegación ni tiene delimitación, por lo que impunemente entran pescadores. Y un fenómeno de baja marea que se repite cada febrero permite que los turistas lleguen caminando hasta el loberío, incluso llevándose lobitos como mascotas.
Hace algunos años la Conama regional pagó a una consultora capitalina para realizar un plan de manejo, pero el alcalde de Cobquecura es tajante: "Qué sacamos con tener tantos estudios si no tenemos financiamiento. Tengo escuelas que se están viniendo abajo y miles de problemas más. Entonces, por mucho que quiera el medio ambiente, ¿cómo hago para contratar guardias o poner boyas?".
Islotes Lobería e Iglesia de Piedra de Cobquecura (VIII Región) fueron declarados Santuario en 1992, con una extensión de 5 kilómetros de costa por 500 metros de ancho, siendo su principal atractivo la presencia de cientos de lobos marinos en un roquerío muy cerca de la playa.
Dos tipos de peligros amenazan a los animales. Uno todavía no se concreta, pero ya movilizó a la comunidad, que creó la organización "Salvemos Cobquecura". Se trata de un emisario submarino que llevará riles desde una naciente planta de celulosa hasta algún punto en el mar, a 20 o 30 kilómetros del pueblo. Los lugareños aseguran que la Corriente de Humboldt depositará finalmente los desechos industriales en las costas de Cobquecura y el recuerdo de los cisnes muertos en Valdivia pena como un fantasma.
El director regional de Conama, Bolívar Ruiz, intenta apaciguar los ánimos, advirtiendo que la empresa aún no presenta el trazado y que en todo caso los riles se diluyen muy distinto en un humedal que en el vasto mar.
Pero de antes el santuario no figura en las cartas de navegación ni tiene delimitación, por lo que impunemente entran pescadores. Y un fenómeno de baja marea que se repite cada febrero permite que los turistas lleguen caminando hasta el loberío, incluso llevándose lobitos como mascotas.
Hace algunos años la Conama regional pagó a una consultora capitalina para realizar un plan de manejo, pero el alcalde de Cobquecura es tajante: "Qué sacamos con tener tantos estudios si no tenemos financiamiento. Tengo escuelas que se están viniendo abajo y miles de problemas más. Entonces, por mucho que quiera el medio ambiente, ¿cómo hago para contratar guardias o poner boyas?".
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